Vacíos y tolerancia

Vacíos y tolerancia

Por: Lorenzo Rosenzweig

Marzo, 2024

En la naturaleza no hay vacíos. Todo espacio en el ecosistema es ocupado por una especie y su población en la medida que otras lo permiten, y a la vez se benefician de su presencia. Así evoluciona el conjunto, desarrollando especialidades, labrando nichos, compitiendo, y sobre todo haciendo el mejor uso de los recursos compartidos.

Lo mismo sucede en política, aunque en ocasiones los círculos no son tan virtuosos, ni las interacciones tan provechosas para todos.

El ciudadano comprometido e involucrado es una especie clave, determinante y estratégica en el ecosistema político. Es también indispensable para la consecución de un gobierno capaz y transparente.

Sin embargo, hay otro factor a considerar. Llamémosle tolerancia ciudadana.

En un día cualquiera, un ciudadano mexicano enfrenta numerosas pruebas. Por ejemplo, desabasto de agua, transporte público insuficiente, calles con baches que devoran llantas y suspensiones, señalización urbana deficiente, trampas mortales en calles y banquetas, retos de accesibilidad, basura, acoso y el riesgo de ser asaltado. También largas filas y obstáculos en trámites imposibles y casetas de peaje, que consumen el más preciado bien, nuestro tiempo. Basta con ver cada tarde en las inmensas filas para acceder al limitado transporte público a decenas de miles de empleados que invertirán horas para regresar a sus hogares. Ciudadanos resilientes que enfrentan aire contaminado, desabasto de agua, limitadas oportunidades de educación y la falta de espacios y áreas verdes para conectar con el entorno natural. Nos vamos acostumbrando a todo esto, y es nuestra normalidad. Día tras día seguimos nuestras rutinas, redoblamos nuestros esfuerzos, y somos el lubricante o amortiguador de un sistema sesgado e imperfecto que apuesta a que seguiremos sacrificándonos porque somos mexicanos resilientes y aguantadores. Sin embargo, hemos llegado a un punto de no retorno, en el que debemos ser mucho más exigentes y menos tolerantes.

Tomemos el ejemplo de un bien común, invisible pero indispensable. Aire limpio. Aire que no enferma, que no mata, aire sin contaminantes, que nos permita ver las montañas y recordar el color del cielo. Aire sano que puedan respirar abuelos, padres, hijos y nietos sin temor a enfermar.

Como estado, Nuevo León ocupa el tercer lugar de aportación al PIB de la nación. Es el segundo estado en inversión extranjera directa (IED), y su actividad económica principal son los servicios y la manufactura. Tiene una población económicamente activa cercana a los 2.9 millones de personas.

Es también cuna de grandes instituciones académicas y orgulloso origen de prácticas empresariales responsables y solidarias que inspiraron muchas políticas públicas que hoy constituyen legítimos derechos de la sociedad mexicana en su conjunto.

El estado de Nuevo León y sus ciudadanos somos importantes para México.

Pero este aporte a la economía nacional tiene consecuencias y daños colaterales.

Los habitantes de la Zona Metropolitana de Monterrey (ZMM) respiramos al año entre 4 y 5 veces más material particulado que el nivel máximo que la Organización Mundial de la Salud nos recomienda para salvaguardar la vida. Es la segunda ciudad más grande del país con 5.4 millones de habitantes, casi 3 millones de vehículos, y concentra a un poco más del 93% de la población del Estado de Nuevo León. La ZMM presenta, en consecuencia, importantes retos en materia de calidad de aire.

Retos que tienen solución si sumamos la voluntad política y nuestra participación ciudadana, para tomar juntos una serie de medidas que pueden agruparse en tres bloques.

El primero es obligar a la industria local y a la federación (PEMEX y CFE) a operar sus plantas bajo los mejores estándares internacionales; el segundo bloque es asegurar el suministro de combustibles (gasolina y diésel) de la mejor calidad para la ZMM, en tanto logramos la descarbonización gradual de nuestras fuentes de energía; y el tercero es desarrollar mejores modelos de gobernanza con esquemas autónomos de naturaleza público-privada para gestionar de manera efectiva y equitativa nuestra calidad del aire.

Los ciudadanos de la ZMM somos un ejemplo de resiliencia, y tenemos frente a nosotros una gran oportunidad de cambio. Es el momento de abordar, de la mano de la academia, la sociedad civil organizada y las autoridades, éste y otros retos, para llenar un vacío que clama por ser ocupado.

Para ver texto original que se publicó en el periódico El Norte, haz clic aquí

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